| SUEÑO CON FINAL FELIZ |
| Educación - Actividad Escolar | |
| Escrito por Montserrat Martínez Vila | |
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Una vez terminaron de vestirse, los amos se despidieron de Chilita acariciándola y diciendo: -Vamos a cenar con unos amigos y tardaremos un poquito en volver, que duermas bien y tengas unos sueños bien bonitos. Hasta ahora, hermosota. Cuando cerraron la puerta la perrita cerró los ojos esperando que el tiempo volara lo más rápido posible para reencontrarse de nuevo con sus dueños. Pronto empezó a soñar, se vio sola en una calle desconocida. Mientras estaba mirando dónde estaba, detrás de la verja de un jardín asomó la cabeza el amo de aquella casa, diciendo: -¡Vaya! ¡Una perrita! ¡Eres muy bonita! Seguramente tendrás hambre, voy a buscarte algo para comer. Cuando el hombre hubo entrado en casa, el otro yo de Chilita se materializó, cobrando vida –No se te ocurra entrar en esta casa, y mucho menos comer lo que este hombre te traiga -dijo en tono muy serio. -¿Y por qué no? -preguntó Chilita. -Porque es un desconocido -dijo su otro yo, hablando con la misma seriedad. -Tiene cara de buena persona -prosiguió diciendo Chilita. -Las caras no dicen cómo son las personas, lo que dicen son los hechos, y tú no sabes nada acerca de este hombre -continuó diciendo su otro yo. -No es que tenga hambre pero si me trae jamón dulce o algo que a mí me guste, no veo razón para no comerlo. Además de cara de buena persona, la casa por fuera también se ve muy bonita -insistió Chilita. Su otro yo siguió tratando de razonar: -El otro día, cuando paseabas con los amos, una señora que comía cacahuetes te ofreció unos cuantos y los amos le dijeron que no, aquella señora también tenía cara de buena persona, y sin embargo los amos le dijeron que no, ¿lo recuerdas? -Sí que lo recuerdo, pero es que los amos no quieren que me engorde, por eso le dijeron que no -respondió Chilita. -Esa es una de las razones, pero hay más, hay personas buenas y personas malas, y por eso los amos no quieren que comas nada que te ofrezca gente desconocida, porque no sabes cómo son. De quien te puedes fiar es de las personas que te conocen y te quieren, como los amos, pero con los desconocidos debes tener cautela. Mejor vete de aquí antes de que tengas algún problema que ahora no imaginas. -Creo que tienes razón, ahora mismo me voy, ¿me acompañas? -preguntó Chilita a su otro yo. -Chilita, la pregunta sobra, ¿no te parece? -respondió su otro yo, en tono algo burlón. Cuando el hombre salió llevando unas galletas en las manos, se encontró que la perrita no estaba -¡Vaya mala pata!, yo que pensaba utilizarla para que me vigilara la casa, y ahora se ha ido. La hubiera tenido todo el día atada con una cadena y así no me habría estropeado el jardín. Bueno, ya aparecerá otro chucho. Chilita seguía pensando en regresar a casa pero se encontraba perdida, no sabía dónde estaba. Todo le parecía extraño y distinto de cada día. Mientras andaba sin rumbo se encontró con un grupo de perros callejeros. Después de explicarles la situación en la que se encontraba, Chilita decidió unirse momentáneamente al grupo, esperando encontrar el camino a casa. Aquellos callejeros parecían pacíficos y eso la hacía sentirse bien junto a ellos. Después de caminar durante un buen rato, el líder de la manada decidió hacer un alto en el camino y dirigiéndose a Chilita, dijo: -Chilita, mientras estés con nosotros tendrás que acatar todo lo que yo digo. Como no quiero imponer cargas a nadie, sólo tendrás que escuchar, obedecer y callar. Si desobedeces serás castigada y nadie del grupo te hablará hasta que yo lo diga, incluso, dependiendo del grado de desobediencia, te puedo expulsar de entre nosotros, de ser así, te quedarás sola y tendrás que enfrentarte sola a los problemas que te vengan. Si te quedas con nosotros y muestras la debida obediencia, estarás a salvo de muchas de las dificultades de este mundo. A nuestro lado beberás aguas cristalinas y tendrás comida sana y abundante. Todos nosotros trabajamos para el bienestar del grupo y esta noche tú harás guardia mientras los demás dormimos. Cuando llegó la noche y Chilita se quedó haciendo guardia, su otro yo volvió a materializarse -¿Cómo es que estás con este grupo? -preguntó con enfado. -Así no estoy sola -respondió la perrita. -¿Pero es que no te das cuenta en dónde te has metido? -siguió preguntando con enfado su otro yo. -Con ellos me siento segura. Son agradables y me siento a gusto -volvió a responder la perrita. -¿Con ellos te sientes segura?, Chilita, piensa un poco… piensa en todo lo que el líder te ha dicho y en lo que has vivido en el día de hoy. Para empezar te ha pedido obediencia a todo lo que él diga… Antes de que su otro yo terminara de hablar, Chilita interrumpió, diciendo: -A los amos los tengo que obedecer, es normal que aquí también tenga que obedecer al líder. -Sí, es cierto que a los amos los tienes que obedecer, pero es que entre los amos y el líder hay un abismo. Los amos te quieren mucho, hacen todo lo que pueden para tu bien y no te mienten, y el líder sí te ha mentido -afirmó su otro yo. -¿Me ha mentido?, ¿en qué? -preguntó Chilita. -No me puedo creer que te tenga que abrir los ojos… es increíble lo que estoy oyendo… las aguas cristalinas que hoy has bebido han sido las aguas de los charcos embarrados que habéis encontrado en el camino, y la comida sana y abundante ha sido la que habéis encontrado en los vertederos. -Esto ha sido hoy, pero seguramente mañana será como el líder ha dicho -respondió Chilita. -¡Oh! ¡Chilita!, llevas un día escaso en este grupo y hablas como si llevaras años. Mañana, pasado, el otro, y el otro, y los siguientes, serán como hoy, beberás aguas embarradas y comerás en vertederos, y cuando tu salud se resienta y te pongas enferma ¿tendrás un veterinario que te atienda?, no, estando con este grupo tu vida corre peligro. Al lado de los amos tienes todo lo necesario para vivir, ellos se ocupan de todas tus necesidades. Te han llevado a la clínica veterinaria a operar en dos ocasiones, la segunda operación fue importante, si entonces hubieras estado con este grupo, la operación no se habría realizado y hoy no estarías en este mundo. Si te quedas con ellos pasarás más amarguras que alegrías. Trabajarás para el líder, harás y pensarás sólo lo que él diga y enseñe y acabarás siendo un robot, sin tener criterio propio. Piensa en lo que ahora te voy a decir, si tenemos cerebro es para que pensemos por nosotros mismos, no para que seamos marionetas de charlatanes y mentirosos. Déjalos y sigue buscando el camino hacia casa. -Tienes razón, mañana me despediré de ellos, pero antes le diré cuatro cosas al líder y trataré de que los demás vean dónde se han metido -dijo Chilita. -¿Le dirás cuatro cosas al líder?, aunque le digas cuatro cosas al líder él se quedará tan tranquilo, y los demás no te harán ningún caso, a estas alturas ya no pueden razonar por sí mismos. Te voy a decir lo que pasará mañana, aunque eres tú la que dejas el grupo, el líder dirá que no eres merecedora de estar entre ellos, te pondrá la etiqueta de traidora y dirá que eres como una manzana podrida que hay que sacar del frutero. Los demás te verán como él, no te esfuerces en hacerles ver la realidad porque es inútil. Son ellos los que tienen que ver las cosas por sí mismos, pero llevan demasiado tiempo en el grupo y la ceguera mental que padecen es prácticamente irreversible. Tú sigue buscando el camino hacia casa y piensa en aquella cita que dice, que es mejor estar sola que mal acompañada. Ahora duerme y descansa, mañana necesitarás estar bien espabilada para enfrentarte al líder. Yo haré guardia por ti. Entonces, Chilita, preocupada, añadió: -Pero si alguien se despierta y ve que estoy durmiendo... -Chilita, si alguien se despierta te verá haciendo guardia, soy tu otro yo, tú duerme tranquila, yo te despertaré antes de que los demás se levanten. Al día siguiente sucedió tal y como su otro yo le había dicho. Cuando se hubo alejado del grupo y, al encontrarse nuevamente a solas, Chilita pensó: -Bueno, he pasado por una nueva experiencia, en esta vida todo nos enseña. A mí que no me busquen en un grupo de estos porque no me encontrarán. ¿Dónde está mi otro yo?, podrías aparecer ahora para hacerme compañía. Nota: El relato que viene a continuación está basado en hechos reales, acontecidos a una familia argentina, residente en Buenos Aires, y a su querida perrita Luly. Chilita seguía durmiendo y soñando. De pronto se encontró en una gran ciudad –Me parece que me he alejado mucho del camino a casa, aquí las personas hablan de manera diferente a como se habla en el pueblo, ¿dónde debo estar? -mientras la perrita seguía intentando averiguar en dónde se encontraba, su otro yo volvió a materializarse. -Chilita, detrás de aquellos bonitos arbustos he visto una perrita con la cabeza levantada, olfateando el ambiente, ve a preguntarle y seguramente ella te informará. -Qué bien que siempre apareces cuando más lo necesito –dijo Chilita. -Para algo soy tu otro yo, mi función no es estar de brazos cruzados. Anda, ve a preguntarle. Y hacia allí se dirigió la perrita -¡Hola! Me llamo Chilita, ando buscando mi casa pero me he perdido y no sé dónde estoy. -Vos, ¿qué quieres saber, la calle o la ciudad en la que te encuentras? -preguntó la perrita. -Ambas cosas -respondió Chilita. -Antes de responder me presento, me llamo Luly. Estás en la bonita y maravillosa ciudad de Buenos Aires… Antes de que Luly terminara de hablar, Chilita interrumpió, diciendo: -¿Buenos Aires? ¡Oh! Esto está muy lejos de mi pueblo, lo sé porque aquí viven unos amigos de mis amos que cuando nos han venido a visitar, han venido en avión. Y ahora, ¿cómo puedo volver a casa? -Por lo que acabas de contar creo que lo tienes difícil. Si te sirve de consuelo yo también ando perdida y estoy intentando encontrar algo que me diga cómo localizar mi casa. Por lo que vos cuentas, nuestra situación es distinta. ¿Cómo fue que te perdiste? -preguntó Luly. -Pues…, es que no entiendo nada de lo que me está pasando. Yo estaba tumbada en el sofá de mi casa y de pronto me vi en una calle. A partir de entonces no paro de andar buscando mi hogar, ni siquiera sé cómo he llegado hasta aquí. Y, a ti, ¿qué te ha sucedido? -preguntó Chilita. Luly respondió: -Lo que a mí me sucedió se puede explicar, no es tan raro como lo que vos cuentas que te pasó. Resulta que ayer, mi amo me bajó del coche sin que yo llevara la cadena puesta, y otro auto que pasaba por la calle me golpeó. No sé si fue del susto, o es que me desorienté debido al golpe, el caso es que empecé a correr sin parar y me perdí. Mientras las dos perritas caminaban y hablaban, los amos de Luly estaban desesperados. El día anterior, el amo de Luly pasó toda la mañana buscando a la perrita. Por la tarde él y su mujer se dedicaron a pegar fotos por todos lados y la siguieron buscando sin descanso. Las horas sin Luly les parecían una eternidad. Después de un día y medio de búsqueda, el abatimiento se había apoderado de la pareja. La madre de la dueña de Luly, viendo a su hija en aquel estado, se la llevó a su casa: -Hija, los dos habéis hecho todo cuanto ha estado en vuestra mano, ahora descansa. Vete a la cama mientras yo te preparo algo caliente. Las perritas seguían caminando y hablando de sus vidas, sus amos, sus amigas, sus gustos, hasta que Luly se paró repentinamente y se quedó mirando fijamente un edificio cercano –Me parece… me parece… ¡Sí! ¡Es allí! ¡Es allí! ¡Es allí! –decía Luly saltando y ladrando de alegría. ¡Chilita, allí vive la mamá de mi dueña, lo sé porque cuando mis amos se van de viaje me dejan con ella! -Luly estaba gozosa y deseosa de ver a los suyos. -¡Luly, me alegro mucho de que hayas encontrado a los tuyos! ¡Deseo que todo te vaya muy bien! –Chilita, me alegro de haberte conocido. Ojalá vos también encuentres tu casa. Ahora te dejo, tengo muchísimas ganas de ver a los míos. Hasta siempre. -Hasta siempre Luly –en ese momento el tono de voz de Chilita no manifestaba demasiada alegría ya que nuevamente volvía a quedarse sola. Cuando Luly llegó hasta la puerta del tercer piso, la rascó vigorosamente, ladrando de alegría. Cuando abrieron la puerta, el abatimiento de su dueña dejó paso a la sorpresa y al entusiasmo. Esa casa queda a unos 7 kilómetros de la casa donde vive y a unos 10 kilómetros de donde se perdió. ¿Qué la llevó hasta allí?, ¿su olfato?, ¿su visión?, ¿algún otro sentido? La respuesta sólo la tiene Luly. Mientras Chilita seguía soñando que buscaba su casa, se despertó bruscamente al oír a sus amos introducir la llave en la cerradura de la puerta -¡Ha sido un sueño! ¡Estoy en casa! ¡Estoy en casa! -pensaba, mientras ladraba de alegría con todas sus fuerzas y movía el rabito enérgicamente. Sus amos, como siempre que llegan a casa, la llenaron de caricias, besos y piropos. Cuando se fueron a dormir, Chilita, tumbada en el sofá, se durmió pensando: -Que bien, estoy en casa. Mañana jugaré con la Niebla, la Chispi y la Linda. Estoy en casa, como Luly, las dos estamos en casa. Estoy en casa, est… En 2001, distintos medios de comunicación dieron la noticia que, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, un equipo de investigadores estadounidenses comprobó en un experimento con ratas que los animales también sueñan y afianzan sus recuerdos mientras duermen. Autora: Montserrat Martínez Vila.
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