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EL GORRIÓN (Basado en hechos reales) PDF
Educación - Actividad Escolar
Escrito por Montserrat Martínez Vila   
Viernes 20 de Mayo de 2011 23:31

              Chilita estaba olisqueando y disfrutando del jardín de su casa cuando oyó un piar que le llamó la atención, se acercó al lugar y entre las frondosas hojas de los lirios del campo encontró un gorrión que había caído del nido situado en el tejado de la casa.

El Gorrion-¡Oooh. Otro pajarito que se ha caído!, pensó para sí la perrita y, dirigiéndose al ave, dijo: ahora llamaré a mis amos para que te recojan. ¿Por qué estás temblando? No tiembles, yo no soy una gata, no te voy a hacer ningún daño. Sabes, a mis amos no les gusta que ladre pero si no lo hago no te verán. Eres tan pequeñito y metido aquí entre las hojas seguro que no te ven.

Entonces Chilita se puso a ladrar con todas sus fuerzas y su amo, que no estaba muy lejos de allí, se acercó para ver qué le pasaba.

-Chilita ¿A qué viene tanto ladrido?, preguntó.

Mientras ella continuaba ladrando, a la vez que miraba hacia donde estaba el pajarito caído, el amo descubría la razón de aquel alboroto.

-¡Vaya, otro polluelo que se ha caído! Este año con éste ya van tres. A ver si podemos hacer algo por él. Este tiene bastantes plumas a diferencia  de los anteriores que estaban muy pelones. Y, subiéndolo a casa, lo puso en un cestito.

 

Durante ese día el amo y su esposa  lo alimentaron con pan mojado en agua y cigarrones que fueron a buscar a la montaña. Al día siguiente, cuando Chilita se encontró con sus amigas, les contó lo sucedido:

-Ayer mí amo habló por teléfono con un amigo que entiende de pájaros y le aconsejó que deje al gorrión en el jardín, que sus padres ya se encargarán de alimentarlo. Esta mañana mis amos han hecho lo que les dijo el amigo, y es verdad, los padres le están dando de comer.

-¿En dónde lo han dejado?, preguntó Linda.

-Lo han puesto dentro de un cestito que han colocado entre los cipreses para protegerlo de los rayos solares. Mis amos se han empeñado en salvarlo. En casa ni dejan que me acerqué a él, tienen miedo de que le haga daño, dijo Chilita.

-¿Tú le harías algún daño?, preguntó con incredulidad Chispi.

-¡Qué va!, aunque, a decir verdad, no me gusta que esté con nosotros, ni que mis amos estén tanto por él.

-No te preocupes Chilita, sólo serán unos días, cuando el gorrión pueda volar volverá con sus padres, afirmó Niebla.

-Sí, eso ya lo sé, pero ahora está con nosotros, respondió la perrita en un tono algo tristón.

Mientras Chilita jugaba con sus amigas, sus dueños, escondidos detrás de las ventanas de casa para no asustar a los padres del gorrión, contemplaban las idas y venidas de los  progenitores llevando comida a su hijito. La alegría de los amos iba en aumento. Esta vez tendremos éxito, comentó el esposo.

Pero, pero, pero, sobre las cuatro de la madrugada Chilita y sus amos se despertaron sobresaltados debido a una fuerte tormenta con muchos rayos y truenos. Cuando pudieron salir de casa, corrieron en busca del pajarito encontrándolo medio muerto de frío y parecía que no había solución. Aunque era verano, las noches estaban siendo frías y, al llover, esa todavía lo era más.

-Voy a intentar reanimarlo pero lo veo muy mal, dijo con preocupación el esposo.

Subiéndolo a casa, se lo puso entre las manos como si éstas fueran el cascarón de un huevo y el gorrión la yema, y poco a poco el pajarito fue recuperando la temperatura corporal.

-Vamos a darle algo de comer a ver si conseguimos que se recupere del todo, continuó diciendo el esposo.

Mientras el marido abría el pico del gorrión, su esposa iba introduciéndole pan mojado en agua y saltamontes cortados en pedacitos. Sorprendentemente, el pajarito recobró las fuerzas piando cada vez que quería comer. Desde el principio, esta historia estaba creando a esta familia preocupación y alegría dependiendo del estado del polluelo. Se preguntaban si estaban haciendo lo debido o no. Esa mañana, esperaron a que el termómetro subiera lo suficiente y cerca del mediodía lo sacaron al jardín para que sus padres lo alimentaran como venían haciendo. Pero, nuevamente tuvo que aparecer el pero, mientras la perrita estaba dando vueltas por el jardín vio que algo se movía entre las mangueras, y parando atención descubrió al gorrión.

-¿Qué haces aquí?, ¿cómo es que no estás en el cestito?, preguntó. El pajarito, temblando de miedo e intentando desaparecer de la vista de la perrita corrió hacia abajo siguiendo las mangueras, buscando refugio entre ellas.

-¡Vaya!, otra vez tendré que ponerme a ladrar para que mis amos lo vean, con lo poco que les gusta que ladre, este pajarito nos está dando demasiado trajín a todos. Y, ladrando desesperadamente, consiguió llamar la atención de su ama.

-Chilita, ¿otra vez ladrando?,  y ahora ¿qué te pasa?, le preguntó con cariño mientras la acariciaba.

La insistencia de los ladridos y la mirada de la perrita hacia las mangueras alertaron a su dueña de lo que podía estar pasando. Después de comprobar que efectivamente el gorrión había saltado del cesto, llamó con urgencia a su esposo, éste, esperó pacientemente a que el pajarito se moviera, cogiéndolo y llevándolo a casa. Allí, el amo, con una cesta de plástico de color rojo (del tamaño de una caja de zapatos) y unos cartones para subir las paredes, confeccionó un nido que, aunque el polluelo saltará dentro, no pudiera salir. Colgaron la caja en un ciprés y entraron en casa observando desde la ventana la llegada de los padres. Cuando éstos aparecieron, los amos siguieron con sus tareas diarias, estaban tranquilos sabiendo que los progenitores lo alimentarían como así venían haciendo.

Pero, el dichoso pero volvió a aparecer, en cierto momento los amos se dieron cuenta de que no escuchaban piar al gorrión, salieron corriendo al jardín y se encontraron al pajarito en muy mal estado, no abría los ojitos y le caía la cabecita, pensaron que de esta ya no salía, no obstante lo subieron a casa y empezaron nuevamente el proceso de reanimación.

-Por alguna razón sus padres no lo deben haber alimentado. El montaje de la caja los puede haber asustado, dijo el esposo.

-O el color rojo de la caja. En diferentes documentales de televisión sobre la vida animal, he visto que en la naturaleza el color rojo es señal de peligro, afirmó la esposa.

Una vez se hubo recuperado el gorrión lo dejaron dentro de casa hasta la mañana siguiente. Llegada la hora, lo pusieron en una cesta grande y alta que el amo utilizaba para ir a buscar setas, colgándola en una rama gorda y fuerte del cerezo. Los padres acudieron a la llamada del pajarito y lo alimentaron durante todo el día. Cuando llegó la noche los amos lo volvieron a entrar en casa. Al día siguiente el esposo fue a comprar una jaula porque el animalito ya saltaba de la cesta, le vendieron una jaula de plástico con tejado que colgaron entre los cipreses, esperando la llegada de los progenitores, y llegaron, pero, tuvo que aparecer el odioso pero, resultó que los barrotes de la jaula estaban demasiado juntos y no podían darle de comer, por más intentos que hacían y más vueltas que daban, los animalitos no conseguían unir sus picos. Los dueños estaban detrás de las ventanas de casa, con los nervios de punta viendo el desespero de los gorriones. No pudiendo aguantar aquellas escenas, el esposo pidió prestada una jaula metálica a un vecino, y ahora sí pudieron alimentarlo.

Al día siguiente, la perrita explicó a sus amigas: Estamos pasando unas peripecias con el pajarito…

-¿A ti también te está afectando?, preguntó Chispi.

-Pues claro…ya he tenido que avisar a mis amos en tres ocasiones. La primera fue cuando se cayó del nido, la segunda cuando saltó del cestito y, ayer, la jaula que nos dejó el vecino tiene en los laterales dos barrotes en forma de O que no sabemos para qué son, como nunca hemos tenido pájaros enjaulados, el caso es que en cierto momento vi  que el gorrioncito salía por esos barrotes cayendo al suelo. Menos mal que estaba cerca y lo pude ver. Otra vez tuve que ponerme a ladrar para avisar a mis amos. 

Entonces Niebla preguntó: ¿Tus amos se quedan el gorrión?

-¡Nooo!, mis amos no quieren pájaros enjaulados, ellos dicen que los pájaros tienen las alas para volar, no para estar encerrados. Además, al jardín vienen muchos pájaros, no sólo vienen gorriones, también vienen mirlos, urracas, zorzales, petirrojos, jilgueros, palomas torcaces… para oír trinar mis amos no necesitan tener un pájaro enjaulado.

-Es verdad, aquí en el pueblo hay muchos pájaros, no es necesario tenerlos enjaulados, afirmó Linda.

-¡Pobre pajarito, lo debe estar pasando mal! ¡Lástima que no pueda entender lo que tus amos están haciendo por él!, comentó Niebla.

-Sí, es una lástima. Bueno, continuando con lo que os iba diciendo, el gorrioncito se volvió a esconder entre las mangueras y a mi amo le costó mucho encontrarlo porque el pajarito no piaba, temieron que hubiera pasado la verja del jardín y lo pasaron fatal hasta que mi amo dio con él. Entonces tapó los laterales de la jaula y lo volvió a poner dentro.

-¡Vaya historia!, exclamó Niebla.

-Sí ¡Vaya historia!, repitieron a coro las demás perritas.

-Mi ama está nerviosa porque dice que no sabe si lo que están haciendo es lo que deberían hacer, y el amo le contesta que si la primera vez que lo vieron lo hubieran dejado entre las hojas de los lirios, el pajarito se habría muerto de frio, además, por la noche a veces entra algún gato que se lo podía haber comido. A ver qué pasará al final…

Durante varios días estuvieron entrando y sacando la jaula con el gorrión hasta que el amo se dio cuenta de que el pajarito tenía los cañones de los extremos de las alas rotos, seguramente era debido al revoloteo dentro de la jaula.

-Tenemos que dejarlo en libertad para evitar que se haga más daño. Sus padres sabrán qué hacer mejor que nosotros, dijo el esposo.

A la mañana siguiente, esperaron a que aparecieran los padres y soltaron al gorrión dejándolo a la vista de sus progenitores. El animalito empezó a correr en dirección hacia unos tupidos matorrales que hay fuera de la verja del jardín. Los amos, temiendo que el pajarito no pudiera salir de allí corrieron hacia los matorrales dispuestos a sacarlo de aquella maleza. Con alegría pudieron ver como el animalito saltaba de un arbusto a otro, quedándose en lo alto.

-Bueno, ya se puede defender, ya estoy más tranquilo, comentó el esposo.

-Sí, yo también estoy más tranquila. Ahora tenemos que estar pendientes de si sus padres lo ven, respondió la esposa.

Y tanto que lo vieron. Los padres no tardaron en aparecer y no sólo lo alimentaron sino que lo fueron conduciendo a través de los arbustos, alejándolo de allí y dejándolo en uno de los cipreses del jardín. Pero, una vez más el pero no podía faltar en esta historia, esa noche era el final de las fiestas del pueblo y el ruido fue infernal. Para ser su primera noche fuera de la casa, pobrecito lo que tuvo que aguantar, no sabemos si el animalito sufrió o no, pero la pareja de esta historia lo pasó horriblemente mal pensando si le estaría afectando aquel ensordecedor final de fiestas. Al día siguiente, se levantaron muy temprano y fueron a ver si el gorrión continuaba en el ciprés y, allí estaba.

-¡Menos mal que el estruendo de esta pasada noche no lo ha alejado de aquí, porque nos habríamos quedado preocupados sin saber que había sido de él!, dijo el esposo.

Como cada día sus progenitores cumplieron con su obligación, llegando y alimentando a su pequeño durante todo el día.

Pero, ¿creéis que se acabaron los peros?, pues no, tuvo que volver a aparecer un nuevo pero para fastidiarnos a todos, principalmente al gorrión. Esa segunda noche fuera de casa hubo una fuerte tormenta acompañada de rayos y truenos, cuando ésta terminó, hubo una ventolera que los árboles iban de un lado a otro, el animalito, ¿aguantaría todo aquello? Los esposos se levantaron muy temprano para saber qué había sido de él, afortunadamente lo encontraron agarrado a la verja del jardín, justo detrás de un ciprés. Durante los siguientes días no volvieron a haber incidentes. ¡Ya era hora! Sus padres no sólo lo alimentaban, también lo entrenaban en el vuelo logrando vuelos cada vez más largos entre los arbustos y árboles del jardín. Una mañana, cuando los amos de la casa salieron para ver cómo estaba su querido gorrión, ya no identificaron su piar ni lo encontraron, el pajarito había volado.

-Nuestro gorrioncito ya debe estar con sus hermanos. Deseo que le vaya muy bien. Cuando los vea en el jardín me va a saber mal no saber quién es él. Espero que esta experiencia nos sirva para otros años, aunque también me temo que nos encontremos con otras situaciones distintas y tengamos que volver a empezar, dijo el esposo.

Entonces, la esposa comentó: Ya que el pajarito ha tenido un inicio tan complicado deseo que tenga una vida normal, que a su debido tiempo tenga sus hijitos y sea lo más feliz posible. Cariño, hemos estado hablando de él, ¿y si fuera la…? 

Pasado un tiempo, en un periódico digital leyeron un artículo sobre la desaparición de los gorriones. En el campo, debido al abuso de plaguicidas y herbicidas; en la ciudad, dicen, demasiada limpieza. Después de leer dicho artículo, la pareja de esta historia se alegró todavía más de haber contribuido a recuperar a “su gorrioncito.”

-Ha valido la pena, comentaron.

Autora: Montserrat Martínez Vila. CONTACTAR