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LA PERRITA, EL SOL Y LA LUNA (Cuento)
Educación - Actividad Escolar

Chilita es una perrita pequeña, rubia y bonita que vive en un pueblecito. Sus amos son un matrimonio sin hijos que la adoran. La dueña siempre la llena de besos y caricias. Chilita es una perrita feliz que se divierte jugando con sus muñecos de goma y con sus perrunas amigas, Niebla, Chispi y Linda. Otra de sus diversiones es la de chapotear en los charcos, una vez ha dejado de llover. Un día, después de una agradable lluvia de primavera, la perrita, con sus patitas delanteras rascó la puerta de la casa para que el amo se la abriera y ella pudiera salir. 

Ya afuera, Chilita empezó a mover la nariz y con cara de intensa satisfacción se dijo (Hummm... qué bien huele después de la lluvia, a tierra mojada, a pinos... hummm... andaaa, que charcos más grandes, que bien.)

 Mientras chapoteaba felizmente en todos los charcos que encontraba, de pronto escuchó una voz fuerte y gruñona que decía ¡Vaya! ¡Tenías que meter tus patazas!

La perrita se giró sobresaltada y no vio a nadie.

 ¡Estoy aquí arriba! Oyó gritar.

  Chilita, levantando la cabeza, vio al Sol con cara de pocos amigos que gruñendo enfadado, siguió diciendo ¡Me estaba mirando en el charco y con tus chapoteos me has embarrado el agua y ahora no me puedo ver!

 Ella se quedó sorprendida y desconcertada ante tal enfado ¡Aaah…! ¡Perdona señor Sol… yo no sabía…!Enfurecido, el astro rey prosiguió ¡Tú no sabías,  tú no sabías…! ¡Hembras! Y desapareció ocultándose en una nube.

Mientras la perrita seguía jugando en los charcos, aparecieron sus amigas y les contó lo sucedido.

¡Que Sol más antipático! Dijo Chispi.

¡Igual tenía un mal día, eso nos pasa a todos! Añadió Niebla.

Afirmando las palabras de Niebla, Linda continuó ¡Es verdad, todos tenemos días buenos y malos!

Y las cuatro siguieron jugando felices y contentas. Pasado el tiempo, las perritas decidieron que ya era hora de regresar a casa y así lo hicieron.

 Cuando la dueña de Chilita la vio entrar, en tono cariñoso manifestó ¡Oooh…! ¡Chilita… qué sucia vienes… ya te has metido en los charcos! Y cogiéndola en brazos se la llevó al cuarto de baño para lavarle las patitas ¡Así no puedes subirte al sofá, me lo dejarías lleno de barro… no me gruñas, eres una gruñona!

¡Grrrr! gruñendo porque no le gusta que la laven, la perrita se dijo para sí (Que manía tiene el ama con la limpieza, se pasa el día limpiando... ahora me tiene que lavar las patitas...) ¡Grrrr!

Una noche, vio una luz blanca y brillante que entraba por la ventana del comedor,  rápidamente saltó del sofá dirigiéndose hacia la puerta y rascándola enérgicamente con sus patitas.

Su dueño pensó (Voy a abrirle, debe tener ganas de hacer un pis.)

Una vez afuera, Chilita vio una redonda, blanca y brillante Luna que la dejó extasiada de tanta belleza (Oooh…que bonita… parece que me está sonriendo…) y moviendo el rabito con alegría gritó ¡Hooolaaa señora Luuunaaa! 

Con voz de madurez sabia, ella respondió ¡Buenas noches pequeña!

¡Buenas noches señora Luna! Contestó contenta moviendo agitadamente su rabito.

¡Unos pajaritos me contaron que te vieron hablando con el Sol! Continuó diciendo la blanca Luna.

La perrita, con cara de resignación y algo de tristeza afirmó ¡Sí y se enfadó conmigo!

Al notar el tono tristón, la Luna trató de restar importancia al enfado del Sol ¡Ya me lo dijeron, aunque no te debes preocupar, él es muy presumido y se comporta como un adolescente mirándose en todas partes, en los ríos, mares, lagos, charcos, allí donde hay agua él ve un espejo. Como es el astro rey se lo tiene muy creído. Tiene tantísimos años y ha visto tantas cosas que se ha vuelto un viejo gruñón! ¡No le hagas caso!

¡Eres muy bonita! Le dijo Chilita.  

Después de agradecerle el halago, la Luna continuó ¡Trabajo y hago ejercicio para estar bonita!

¿Y cómo lo haces? Preguntó la perrita.

¡Tengo mis fases, durante las cuales aumento y disminuyo de tamaño. Origino las mareas. Provoco estados de ánimo en las personas. Y lo más importante, regulo el clima. En fin, que no paro!

Al oír esta respuesta, Chilita se quedó pensando durante unos instantes ya que hubo algo que no entendió, y con curiosidad preguntó ¿Qué es eso que haces a las personas?

¿Tú, cómo te has sentido al verme? Respondió preguntando la Luna.

La perrita, sonriendo contestó ¡Muy bien!

¡Pues eso, hago que la gente se sienta bien y feliz! Y suspirando, añadió ¡Inspiro a los cantantes, a los poetas, a los enamorados!

Chilita, extasiada por la belleza y las palabras de la Luna, también suspiró y dijo ¡Aaah…! ¡Que bonito!

¡Ahora vuelve adentro de casa que yo tengo que continuar mi camino, otra noche continuaremos hablando! ¡Buenas noches pequeña!

 ¡Buenas noches señora Luna!

Al día siguiente, cuando el amo le abrió la puerta la perrita salió feliz, como cada día, dispuesta a hacer su recorrido y a encontrarse con sus amiguitas. De pronto notó que tenía más calor de lo habitual y levantando la cabeza volvió a ver al Sol que la estaba mirando con cara de estar muy, muy enfadado. Echaba llamaradas por todos lados. Parece ser que una estrella chivata le había contado la conversación entre ella y la Luna.

 Echando chispas, el Sol vociferó ¡Soy un presumido, un creído, me comporto como un adolescente, soy un viejo gruñón…! ¿Qué más te dijo de mí esa vieja charlatana?

La perrita, asustada, se quedó sin saber que decir.

Entonces él continúo vociferando ¿Te ha dicho que su belleza me la debe a mí? ¿Que si no fuera por mí ella sólo sería una roca que nadie miraría? ¿Que soy yo quien le da la luz para que brille? ¡No, no te dijo nada de eso, en cambio se dedica a hablar mal de mí Y A MIS ESPALDAS!

Llena de miedo y con el rabito hacía abajo, Chilita salió corriendo hacía su casa.

Aquel mismo día, la Luna fue informada de lo sucedido, y, al atardecer, se dio prisa en salir para encontrarse con el enfurecido Sol.

Cuando éste la vio, gruñendo le preguntó ¿Qué haces tú aquí a estas horas?

Ella, en tono serio replicó ¿Es que siempre tienes que estar enfadado…? ¡He salido antes de tiempo para poder hablar contigo! ¿Te divierte ir asustando a todo el mundo? ¿Cómo has podido amedrentar a una perrita tan pequeña?

¡Primero me ensucia el agua y después las dos os dedicáis a hablar mal de mí! Respondió él.

 ¡Eso no es así, ella no dijo nada contra ti…! Afirmó la Luna. ¡Yo he sido la única que ha dicho que eres un viejo gruñón y lo vuelvo a repetir!

Mientras discutían se oyó una voz  que en tono pacificador instaba ¡Paz! ¡Que haya paz! Entonces vieron aparecer al Arco Iris.

El Sol se enojó todavía más y exclamó ¡El que faltaba! ¡Tú ahora no tendrías que estar aquí!

¡Ya lo sé! Dijo el Arco Iris ¡He venido porque con vuestros gritos aquí arriba estamos todos desorientados. Las estrellas se han despertado antes de tiempo. Los vientos se han equivocado de caminos. Los truenos han enmudecido. Los planetas están girando inquietos. Algunos meteoritos han chocado unos con otros. Las nubes están llorando donde no deben. Y yo no sé dónde tengo que ir!

El Sol y la Luna callaron y el Arco Iris prosiguió ¡No tienes razón para estar enfadado astro rey, y sí muchas razones para estar contento: Las personas se alegran cuando te ven. Las flores se abren cuando apareces. Las estrellas se ocultan para dejarte brillar sólo a ti. La nieve se derrite ante tu presencia. Los pájaros cantan cuando amaneces. Mis bellos colores te los debo a ti. Eres imprescindible, querido y necesario para todos!

Entonces, la Luna, en tono amigable ratificó dichas palabras ¡El Arco Iris tiene razón, tienes muchos motivos para estar feliz y contento! ¿Qué ganas estando enfadado? ¿No crees que deberías reconciliarte con todos y hasta contigo mismo, viejo amigo?

El Sol  se enterneció y comprendió lo absurdo de su enfado. Esa tarde, su puesta fue espectacular. Lució sus mejores galas, en tonos rojos, naranjas y amarillos.

Al día siguiente, cuando el dueño de Chilita se levantó y miró por la ventana para ver que día hacía, salió de su garganta un sonoro ¡Oooh…! ¡Que salida de Sol más hermosa… hoy hará un buen día para sembrar en el huerto!

Como un rayo, la perrita saltó del sofá rascando vigorosamente la puerta hasta que el amo se la abrió. Cuando salió afuera, observó como el Sol estaba saliendo de su sueño nocturno vestido con sus mejores galas matutinas, en tonos malvas, fucsias, rosas, verdes y azules, todo un despliegue de color y belleza.

 Chilita, al observar tanta hermosura, igual que su amo, exclamó ¡Oooh…! ¡Qué bonito…! ¡Oooh!

Al oírla, el Sol se alegró todavía más y adornándose con tonos amarillos brillantes le dijo ¡Va por ti pequeña! Mientras le sonreía y le guiñaba un ojo.

En ese momento, la perrita supo que, a partir de entonces el astro rey sería siempre su aliado, y contenta como siempre se fue moviendo el rabito en busca de sus queridas y perrunas amigas.

Autora: Montserrat Martínez Vila (España)